¿De donde eres?

En un programa que  vi por Internet, entrevistaban a una chica cubana que se había criado en España, concretamente en Madrid y decía que uno es, de donde estudió el Bachillerato y creo que tiene toda la razón.

Esta, nacida cubana, se sentía Madrileña de pura cepa, porque todas sus vivencias esenciales correspondían a la ciudad que la acogió de pequeña. Yo comparto su sentimientos pero justo a la inversa. No es que naciera en Madrid pero si nací en el ceno de una familia española que lo único que deseó siempre, fue regresar a su tierra. En cambio yo, siempre quise seguir viviendo en la tierra de mi juventud.

En mi casa y con mis padres que mandaban mucho en la época en la que era joven, solo había un plan; regresar. Las maletas siempre estuvieron presentes en los mejores acontecimientos.

Para que hacer tal o cual cosa, si al final nos marcharemos para España?  No había plan, ni proyecto vital, que no estuviera ‘minado’ por el regreso y aderezado por unas maletas… Todo era efímero y transitorio.   Así viví una parte esencial de mi existencia y así aprendí a no hacer planes para el futuro, porque esos eran siempre inciertos. A fin de cuenta tenía que regresar a un país en el que no había vivido nunca y que tampoco conocía pero al que tenía que ‘volver’.

Cuando mi hijo cumplió los 6 años tomé una gran decisión por dos motivos importantes. El primero fue, que no quería que viviera en un país carente de las más elementales libertades (pensar por uno mismo,  elegir por uno mismo, labrarse un futuro por si mismo…) y el segundo, pero no menos importante, fue que no viviría anclado a unas maletas que condicionaran todo lo que tuviera o quisiera hacer. Y ‘regrese’.

En realidad no regresaba. Llegaba a un país desconocido lleno de personas desconocidas en el que por no tener, ni familia tenía. Empecé de cero. Limpie mi cabeza de ideas implantadas. Tenía que aprender a valerme por mi misma y nadie ni nada me dirían como tenía que hacerlo.

Reconozco que fue duro. Quien piense que emigrar es algo placentero está equivocado. Atrás dejas tus vivencias, tus amigos, hasta tu forma de pensar, para encontrarte con un mundo lleno de posibilidades y con una soledad, que en esos primeros momentos, duele hasta taladrarte el alma.

Tenía que buscar trabajo pero ni idea de cómo hacerlo. Ni siquiera sabía que en los dominicales aparecían miles de ofertas de empleo cada semana, hasta que un alma caritativa me lo explico. Por no saber no sabía ni abrirme una cuenta en un banco, ni utilizar un cajero automático, ni ninguna de las cosas elementales que hoy parecen insertadas en nuestro ADN.

Como costaba despojarse de lo que te habían inculcado por años. La idea del individualismo, el saber hablar de uno mismo, el hacer meritorio el trabajo individual ¿Cómo hacer eso si siempre te habían inculcado que uno solo vale como colectivo? La autocrítica, como valor preponderante, lastraba cualquier propósito de demostración de uno mismo.  

Mi suerte, la suerte del que a pesar de todo, es capaz de pensar y luchar por un propósito o idea, fue que logré superar todos mis miedos y enfrente la nueva vida. Además tenía un gran motor, mi gran causa… Mi hijo.

Ahora cuando todo está asentado, pienso en esos primeros años con cierta nostalgia porque ahora tengo tiempo para hacerme otras preguntas ¿Quién soy? ¿De dónde soy? En aquellos primeros años no tenía tiempo, no me podía dar ese lujo. Y llegados a este punto sigo pensando que efectivamente soy de aquel pequeño país que tira de mis entrañas. Soy de aquel país que me dio los mejor años de mi vida. Soy del país en el que fui tan feliz.

Siempre seré una inmigrante y lo único bueno que he sacado de todo esto es que por fin se ha roto la cadena de los emigrantes en mi familia, mi hijo es español. Pero no solo porque lo dicen sus papeles, es español de corazón, de sentimientos y de Bachillerato.

 

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Las despedidas…

(Imagen: http://www.sxc.hu/photo/805077/?forcedownload=1)

Odio las despedidas. Las despedidas te dejan el alma sin argumentos. Te quedas vacio de unión y te devuelven a una existencia cotidiana que te has inventado para seguir viviendo.

Las despedidas me traen recuerdos de tiempos de amores juveniles en los cuales separarse, era el equivalente al nunca más; todo era frágil y efímero. Las despedidas me traen recuerdos de todos los días felices que han quedado atrás y que no volverán a ser.

Mis despedidas siempre están relacionadas con grandes afectos, grandes amores, todo grande porque para qué despedirse de las pequeñeces.

Detrás de cada despedida el vacio y la posibilidad de un nuevo cruce de caminos. Pero cuando uno ha vivido mucho tiempo, los caminos son cada vez más difíciles de encontrar y sin horizonte.

Un día te levantas  como tantos otros días y ocurre lo inesperado. Encuentras un camino. No lo esperabas, ya no tenías fe, pero lo encuentras. Se abre majestuoso, pujante frente a ti y cuando das el primer paso, te anuncian una nueva despedida. Y no….

Me es indispensable andar y desandar ese nuevo camino. Me es indispensable descubrir los misterios que esconde, revolver cada piedra, pero sobre todas las cosas, me es indispensable seguir andando.

Me he detenido en esta despedida. Esperaré. Haré planes secretos e imaginaré momentos que no serán. Pero como eres responsable, como sabes que te espero, regresaras y volveré a caminar.

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El deseo y la rosa

En mis sueños de pronto apareces
Una silueta delata tu presencia
No distingo tu rostro pero sé que eres tú,
cuando siento un leve olor a rosas rojas
 
La flor antes en tu mano,
ahora en mi centro, en pétalos caída
adorna el universo cercano del encuentro
alfombra granate y oro sobre el deseo esparcida
seda que separa tu piel de la mía
 
Tus manos ya se acercan, los pétalos separan
La carne se pone tersa, presiente tu venida
Y en el lugar donde antes la flor se marchitaba
Ahora está tu centro
Y tu cara frente a la mía
 
De pronto me despierto, tan solo ha sido un sueño
Me yergo sobre la cama, buscando al deseo
Cierro los ojos y solo entonces, un leve, suave, casi imperceptible olor a rosas
me transporta a otro mundo y sigo soñando contigo
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Muchos contra uno… Hablando de Twitter

La semana pasada me llamó una amiga para contarme lo que estaba ocurriendo con un cantante famoso al que ella sigue.  Resulta que por una frase acompañada de una almohadilla seguida de la palabra “Japón” se montó casi una pequeña guerra. Acusaron al cantante de promocionarse insertando esa combinación de símbolo y palabra, en un comentario que hacía referencia a sus próximos conciertos.  Fue tal el revuelo que no conformes con emplear todo tipo de improperios para responderle, abrieron una página especial solo para criticarlo.

No me gusta el twitter. No me gusta porque las frases sueltas pierden, con frecuencia, su significado al carecer de contexto.  Reconozco que para el que tiene  noticias breves que comunicar, puede ser una herramienta. Para mí, ciudadana de a pie, persona corriente con idas y venidas intrascendentes, este plataforma carece de sentido.  A quien le puede interesar que me marcho al súper o que me voy a acostar?

Independientemente de lo que me guste o no, la plataforma es tan nueva, que evoluciona día a día… de tan nueva que es, no existen términos en castellano (al menos no los conozco) para identificar algunas de sus reglas… Lo que si existe, es un canal que permite a muchos, acceder a una cierta información, a otros, perseguir, injuriar, incriminar a personas que no les gustan utilizando como pretexto una frase casi siempre sacada de contexto.

Los criticones injuriadores, escondidos tras un disfraz de anonimato  atacan en comandita. Liberan su frustración y ocupan su tiempo libre (que debe ser mucho) en proferir insultos y abuchear a una persona por algo que esa persona ha escrito. Entonces es cuando me pregunto,  ¿es que en este país no existe la libertad de expresión? Me pregunto esto porque no se discrepa de un pensamiento, lo que se persigue es aplastarlo. No se discrepa, se injuria… Esa forma de proceder es contraria a la libre expresión. Cuando  muchos se unen para menospreciar a uno,  su actitud solo tiene un nombre; hostigamiento.

Twitter como plataforma, no es responsable per se, de esta forma de actuar… como mucho es responsable de no establecer alguna norma que evite que muchos ataquen a uno solo. No me gustan las injusticias, no me gusta que el anonimato colectivo aproveche la oportunidad para sacar sus rabias, envidias y malos pensamientos, para agredir verbalmente a alguien que no piensa como ellos o simplemente ha cometido un error de expresión.

Sigo a una luchadora por las libertades de expresión en su país, que de manera combativa solo exige que a sus compatriotas y a ella se les permita hablar y opinar con libertad. Ella es un ejemplo del buen uso de la plataforma twitter. En el fondo me alegro que no pueda ver como esa misma plataforma permite a otros, hacer justamente lo que ella con tanto ahínco denuncia.  

Cuando ocurren atropellos contra la palabra o el pensamiento de otro, siempre me queda la duda;  que hacer? Mi primera intención es responder, pero luego me pregunto si la respuesta solo permite darle cuartos al pregonero…

No me gusta la injusticia en ninguna de sus variantes, pero cuando muchos se unen para ‘vejar’ a uno solo, entonces me hierve la sangre. Los foros sociales no son plataformas muy regladas, las reglas las ponen sus participantes, pero hay cosas que no se deben tolerar…

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La nueva revolución industrial

(Imagen: http://www.innovaser.es/)

Tengo una amiga que es profesora de un colegio público. Si es tan buena en su trabajo como lo es como amiga, seguro que es una profesora estupenda.

El otro día me contaba que está dando un curso para aprender a utilizar las pizarras digitales. Yo pensaba que solo era un sistema que permite escribir y luego borrar al estilo de las pizarras mágicas, pero resulta que es mucho más que eso. Esas pizarras están conectadas a un ordenador portátil y cuentan con un conjunto de programas educativos que se proyectan y facilitan las clases.  Le pregunté si los niños tendrían sus pizarras individuales también y me respondió que no, que eso sería demasiado caro para la educación pública.

Seguimos hablando de otros temas pero yo le seguía dando vueltas a lo de las pizarras. Me preocupa que a pesar del avance técnico de hoy, los niños sigan cargando con esa cantidad tremenda de libros en su maleta de colegio. Y da lo mismo que la maleta tenga ruedas, sigue pareciendo un esfuerzo innecesario

Le dije, saca cuentas… un ordenador escolar puede ser una inversión grande al principio pero cuando piensas en el dinero que los padres se gastan en cada curso escolar, parece un gasto nimio. Cada niño tendría su ordenador y los padres solo tendrían que comprar las actualizaciones del material escolar de cada curso.

Mi imaginación siguió volando y le dije… te imaginas que dentro de pocos años no necesitáramos la ropa tal y como la conocemos ahora… La nueva ropa sería un holograma y podrías adquirirse por Internet, accediendo a catálogos, incluso, a los de grandes diseñadores… Tengo que salir, me pondré un traje de Chanel o de Dior … Sería estupendo. Me amiga riendo me responde ¿y qué harías si en medio de la fiesta se te termina la batería? te quedarías desnuda delante de todos.  Nos empezamos a reír pero yo seguí pensando que mi idea no era tan mala…

Creo que estamos viviendo una revolución industrial pero parece que nadie se ha dado cuenta. La crisis en la que estamos inmersos, lo único que evidencia es la ausencia de puestos de trabajo pero en el fondo lo que necesitamos  es reciclarnos.

Hace más de 15 años que no veo ni una sola tienda de reparación de electrodomésticos por ejemplo. Ahora los aparatos son de usar y tirar. Nos dan una garantía por 10 años que es justo el tiempo que suele durar el aparato y cuando se nos rompe resulta tan complicado arreglarlo que lo compramos nuevo.

Y qué ocurre con los automóviles?. Antaño la profesión de mecánico era muy rentable máxime, si eras uno  bueno. Ahora en los talleres solo saben sustituir partes del coche por otras nuevas. Los coches ya no se arreglan como antes.

Poco a poco los libros se están sustituyendo por los e-bock, yo tengo uno y a pesar de que sigo comprando libros para mi madre que dice que sigue prefiriendo leer al estilo antiguo, pienso que eso también pasará y la industria del libro se transformará (o cerrará) como le ha pasado a la industria de la música.

Se podrían poner miles de ejemplos de oficios que han desaparecido.  Y me da la impresión que la destrucción es más rápida que la creación.  Necesitamos crear nuevas ocupaciones, nuevos oficios y para eso se necesita imaginación y algo de osadía.  

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“Esplendor en la Hierba”

Foto:  Internet

Algunas veces uno no tiene nada que decir… Ya sé que la filosofía de los blogs es que se debe escribir como mínimo cada dos días, pero me he quedado en silencio. Mi blog será diferente. No me gusta escribir por obligación, ni tampoco escribir cuando no tengo nada que decir.

El exceso de trabajo y el cansancio me han tenido apartada. Del trabajo para la casa y de la casa para el trabajo. Mi única pequeña distracción es hablar con él.  Y para colmo tampoco ha sido una buena semana.  No sé que dije o que hice, pero lo único que he percibido es distancia.

Sigo pensando que esto es un imposible. Por más que en mi recuerdo él sigue siendo aquel chico de veinte años que me quería, no es así y eso no podré cambiarlo. No hay manera de darle para atrás a la manivela del tiempo y el tiempo que fue nunca más será.  Por otra parte él también se aferra a lo que fue. Tampoco le interesa conocerme o mejor reconocerme en lo que soy hoy. Se aferra a  sus recuerdos y el resto, es lo que le da su día a día en el que no estoy.

De todas formas y parafraseando la película que tanto me gusta “Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba,  de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo

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Veinte años no son nada… Ni dos millones tampoco

(Imagen: Internet)

A principios de esta semana llego la noticia de que Telecinco cancelaba el concurso “Operación Triunfo”

Para los que como yo, hemos sido seguidores desde la primera gala de la primera edición (para otros también), ha sido un palo. Internet se volvió un hervidero pero no ha sido suficiente. Han seguido con su propósito sin escucharnos. Total si  solo somos DOS Millones…

He seguido los resúmenes diarios, viendo a los chicos en su trabajo, con sus planes, con sus ilusiones, sin imaginar que todo se terminaba. Por fin el sábado se lo han dicho y seguro que ha sido un mazazo.

Estoy indignada. Como para no estarlo. Nos han utilizado inundando ese programa con miles de anuncios, han cambiado las reglas cuando han querido, han jugado con los sentimientos de unos jóvenes que quieren dedicarse a la música y cuando han visto que las cuentas de sus ganancias no cuadran, nos han tirado al estercolero.   

Desde que el programa cambió de cadena, me temí que algo así podía ocurrir. A fin de cuentas, nosotros el público, solo somos una cifra en la cuenta de resultados. Qué más da, estropear un programa blanco.  En el mundo en el que vivimos, los valores están en decadencia.

Tomemos como ejemplo un programa similar y a la vez tan diferente como es “Gran Hermano”. Esta edición se ha caracterizado por la vulgaridad, las discusiones y el chonerio. Pero nada de esto importa. Como la audiencia es satisfactoria, adelante con el programa.  Valores??? Para que. Los directivos de Telecinco argumentan que no son responsables de la formación moral de nuestros jóvenes y puede que tengan razón.  ¿Por qué hay más personas enganchadas a GH que a OT?, es digno de un estudio sociológico. La educación y los valores morales, están de rebaja y todos contribuimos en mayor o menor medida a que sea así.

¿Qué será de esos jóvenes concursantes? Espero de corazón que no se rindan. Estoy segura que les costará muchísimo más trabajo, pero si realmente quieren dedicarse a la música, lo conseguirán. Me encantaría que pasará. Me encantaría que algún productor sacara provecho de este desastre y de paso le restregara en las narices a la “cadena enemiga” lo que ha perdido por su falta de visión y su poca paciencia.

En fin, esta noticia me ha dejado triste… pero sigo confiando en esos chicos.

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Pequeños dones

(Imagen: http://librosfera.blogspot.com/2008/01/el-increble-nio-comelibros.html)

Hoy he terminado el libro de Kate Morton “El jardín olvidado” (lo recomiendo). La protagonista ‘La Autora’ escribía cuentos fantásticos para niños. Esto hizo que recordara mi primer libro. 

Cuando tenía unos cinco o seis años me regalaron un libro de cuentos. Eran un gran libro, al menos eso me parecía desde la percepción de una niña de esa edad. Tenía unas grandes tapas de cuero y yo, que no sabía leer, lo llamaba el libro  rojo. Cada cuento se adornaba con preciosas ilustraciones que me hacían soñar en hadas, príncipes, bosques encantados y brujas malvadas.

Recuerdo que seleccionaba el cuento por el número de páginas que tuviera. A  más páginas, más interesante.  Obviamente, me lo leía mi madre.

Ya de mayor me pasaba lo mismo. Los cuentos cortos no tenían mucho sentido para mí. Me gustaban los relatos con todo lujo de detalles, en los que la trama y el misterio, se prolongaban por muchas páginas. Que algo se narrara en como mucho cinco o seis páginas me parecía insuficiente, casi igualable a un prólogo. Quien me diría en ese tiempo, que muchos años después, me sentaría frente al ordenador a escribir pequeñas historias que no superan las dos páginas.

Con la edad he aprendido a apreciar el don de la síntesis. Un día me di cuenta que conocía a personas que a diferencia de mi, con solo tres o cuatro palabras llenaban una conversación.  Las seleccionaban con tanta precisión que hacían soñar en lugares, momentos, olores que otros solo podíamos describir con más de una página.

Pondré un ejemplo… Hay una película que siempre me ha gustado. Se llama “Sentido y Sensibilidad” Hay un fragmento en el que las hermanas son presentadas a un amigo, de la familia que los acoge, capitán, que sirvió en las Indias.  La pequeña de las hermanas le pregunta

– ¿Cómo son las indias orientales capitán? – El hombre se agache ligeramente y casi en susurro le responde… – el aire está lleno de especias-  Solo esa frase transporta al espectador a un mundo fantástico, de olores, sabores y aventuras. Contiene tantos matices e ensoñaciones que dan ganas de partir inmediatamente a conocerlas.

El poder de la síntesis es un don. Puede que de los menores, de esos a los que pocos le prestan atención, pero es un don.  Poder resumir en pocas palabras la vida y esencia de las cosas.  Así son los pequeños dones de la vida. Inapreciables, inadvertidos, pero que si los tienes debes ser consciente de ellos para que no se pierdan, para no malgastarlos.   

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Plástico, chip y el no poder

(Imágenes: Internet)

Hace un par de meses fui a sacarme el abono transporte, como tantos otros meses, en el Metro. Cual fue mi sorpresa que al introducir la tarjeta para pagar, el lector me pidió que tecleara el número secreto.  Nunca antes me había pasado y no lo recordaba. Me separé de la cola de los cajeros y busque en mi libreta de teléfonos, el código estratégicamente camuflado y volví a hacer la cola para obtener mi pase por un mes, al transporte público.

Como al final todo había salido bien, solo me quedo una pregunta en el aire ¿esta nueva norma no la habían podido poner en conocimiento de los usuarios? Y seguí reflexionando en el problema que constituye la falta de comunicación y el respeto a los ciudadanos. A mi modo de ver, no se pueden implantar normas sin el previo aviso y comunicación.

Un mes más tarde entré a una tienda que tenía artículos rebajados. Acompañaba a una amiga para que descambiara un vestido por una talla más pequeña. Mientras la atendían y le buscaban el nuevo vestido, me entretuve en ir mirando las prendas rebajadas hasta topar con un vestido que me gustó. Era algo inevitable

Se lo enseñe a mi amiga y le gustó más que el que había seleccionado en un principio. Las dos nos metimos en los probadores y fuimos a la caja, vestido en mano.

Saco mi tarjeta, esa que me acompaña a donde quiera que vaya y se la entregué a la dependienta.

   Su operación da denegada,  Pin erróneo – Me dice la dependienta mirándome con cara de ‘lo siento’

   ¿Qué pin? – le pregunto  asombrada, porque no había digitado ningún número ni ella me lo había pedido.

   Espere, que lo intento nuevamente-

De primeras no me puse nerviosa, suele ocurrir que no se leen bien las tarjetas o que la dependienta sea una sustituta en rebajas y no sepa utilizar correctamente el lector.

    Me rechaza la operación – Me insiste la chica y me pongo nerviosa. Flota en el aire el reproche de que no quiero o no puedo pagar…

    Es imposible – le respondo. Es una tarjeta VISA que no necesita PIN y que no tiene problemas de crédito.

Llega la encargada y repite la operación con el mismo resultado. Compruebo la cantidad de efectivo y no me alcanza para hacer el pago.

    Podrían guardarme el vestido hasta mañana? Pregunto.

    No guardamos las prendas en rebajas – me responde la encargada ya de malas maneras.

    Podría dejar una señal hasta mañana? – insisto.

    No aceptamos señales en rebajas –

La encargada seguía con su bordería sin querer  ayudar.  Mi amiga saca una tarjeta y le pide que pruebe con esa. Mientras, yo enfadada por la actitud de la encargada, le decía que no lo hiciera, que si en esa tienda no querían vender que ya me iría otra.

Finalmente la tarjeta de mi amiga funcionó y pudimos salir de esa tienda, las dos más enfadadas que contentas por la compra.

Al regresar al trabajo le conté lo que me había pasado a una compañera que me sugirió que probara la tarjeta en el cajero de la oficina y así lo hice.

El cajero aceptó la tarjeta, el pin y me dio la información que solicitaba. Todo estaba correcto y me quede tranquila.

Una semana más tarde me ocurrió nuevamente. En esta ocasión la dependienta, infinitamente más amable, lo intentó con ganas pero siempre obtuvo la misma respuesta. “ Pin erróneo” No lograba entender. ¿Cómo era posible que me diera ese error cuando nadie me pedía el pin? Claro que era erróneo, porque no lo digitaba ¿pero cómo hacerlo ? Más allá de los errores y del mal funcionamiento de la tarjeta, estaba el hecho de que en todas las ocasiones me marchaba con la sensación de verguenza, del que pretende comprar algo que no puede pagar, del que pretende ‘engañar’. Sensación muy incomoda. 

Después de dos visitas al banco, la primera infructuosa porque me dijeron que se había solucionado y no era cierto, solicité una nueva tarjeta, como último recurso. En esa segunda visita, incluso, delante de la empleada, probamos la tarjeta en el cajero. Todo era correcto.

     ¿Cómo es posible que el cajero diga que todo está correcto y la tarjeta no funcione en los comercios? –

Entonces se hizo la luz… Los cajeros solo leen la banda magnética de las tarjetas pero los establecimientos solo leen el chip, me explico la empleada del banco.

     ¿No podéis comprobar el chip? – le pregunté

     No tenemos manera de hacerlo  me respondió la chica

Entregue mi tarjeta a la empleada que solicitó una nueva y que tardaría mínimo cuatro días en recibir. Mientras tanto me tendría que apañar sin ella. Fueron formalizando la solicitud y me dice la empleada

     No le cobraremos los 3€ de la renovación –  La miré con cara de asombro y espanto.

     Que menos no? – Me había pasado casi un mes sin poder utilizar mi tarjeta y mi dinero y como gran favor me recompensaban descontando los 3€.

Salí de la oficina del banco con la sensación de ir desnuda. ¿Qué habría pasado si no estuviera en mi ciudad, o incluso, fuera, en el extranjero? De pronto me di cuenta que estamos ‘perdidos’ y en manos de un simple y pequeño chip que alguien incrustó en una tarjeta. En ese momento comprendí a muchos ancianos que cuando comenzó la moda del dinero plástico, se negaban a utilizarlo y guardaban el dinero debajo del colchón de su casa… ellos si que eran listos y previsores, ya entonces sabían que un día pasaría, que estaríamos en manos del plástico y del chip y nunca lo aceptaron.

Siempre he estado a favor del progreso y las nuevas tecnologías, pero una cosa es eso y otra bien distinta es estar en manos de un chip que más que chip, parece un termineitor.  Y si en un día no muy lejano se sustituye el carnet de identidad por un chip que llevemos bajo la piel? Dejaremos de ser, si el chip se rompe? Se inventará un concepto nuevo para la muerte… se murió porque su chip dejo de funcionar…   Total estamos en sus manos y no nos queda otra que la resignación….

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Lo que separa la guerra

(Imagen: http://www-avimilitar2gm.blogspot.com/2009/04/aviones-de-la-guerra-civil-espanola.html)

Un día, tendría unos diez años, le enseñaron una fotografía de un niño. La fotografía estaba hecha en un estudio. Se veía a un niño de unos ocho años sentado sobre una especie de cajón de medio lado pero con la vista al frente. No lo reconoció.

-¿Quién es? Pregunto

-Es tu hermano – Le respondió su padre. De pronto paso de ser hija única a tener un hermano

-¿Cómo se llama? – Julián

-¿Dónde vive – En España

La niña no paraba de hacer preguntas. Estaba tan emocionada… Su gran ilusión había sido siempre tener un hermano y ahora aparecía como por arte de magia.

El padre había estado casado con anterioridad y había tenido un hijo. La guerra civil, el bando perdedor, porque él era republicano, lo habían llevado por los derroteros de la emigración dejando atrás a su familia y a un niño pequeño.

La madre de ese niño, republicana también, fue encarcelada y su paradero se desconocía. La dieron por muerta. El pequeño Julián fue criado por los abuelos maternos, lejos de ambos padres. Padeció las restricciones de la post guerra, el hambre y la incertidumbre de no saber si finalmente era huérfano o no.

Al emigrado la vida lo llevo a un país del este de Europa. Fueron tiempos difíciles, comenzó la segunda guerra mundial y él no supo nada más de su hijo.  Finalizada la segunda guerra, conoció a otra mujer y tras el duelo por la primera, se caso y tuvo una niña.   

Transcurridos más de 30 años, superados algunos conflictos internacionales, empezó a llegar información. De pronto supo que su hijo vivía con sus suegros y que estaba bien. Supo que su primer mujer, contrariamente a lo que le afirmaron, estaba viva y tras muchos años de cárcel, incomunicada, salió y se reunió con el pequeño Julián y sus padres.

Su primer matrimonio, celebrado en el periodo republicano, no era válido para las leyes de la España de Franco. Tampoco era valido su segundo matrimonio celebrado en el este comunista. Legalmente era soltero y era bígamo a la vez

Se puso en contacto con su primera familia y recibió esa primera foto de su hijo al que prácticamente tampoco reconocía. Le reprochaban no haberse ocupado de él ni de su primera mujer ¿Pero cómo hacerlo? La distancia, la ausencia de relaciones diplomáticas, la incomunicación… Para los abuelos y para el propio niño era absolutamente inconcebible y siempre creyeron que había eludido su responsabilidad.

La niña emocionada, tras escuchar la historia le dijo al padre que le escribiría una carta a su hermano, a fin de cuenta, los unía la sangre… Co su letra de escolar, le escribió una sentida carta, contándole de ella, contándole de lo alegre que estaba por saber que tenía un hermano y con la esperanza puesta en que un día se podrían conocer. Puso la carta en un sobre y se la dio a su padre.  

Pasaron los días, pasaron las semanas y los meses, pero la respuesta no llego nunca. Nadie le explico y al final ella dejo de esperar.

Transcurridos muchos años, el padre regreso a España y se reencontró con su hijo. Era abuelo de tres nietos y la niña que para esas fechas ya era una mujer, recibió por fin noticias. Fotos de los sobrinos, fotos de la boda de Julián pero poco más. En su dolor Julián, la hacía responsable de la separación de él con su padre y nunca la perdono. Juró no verla nunca y no permitió que ella tuviera ningún contacto con la familia.

Siempre le pareció curiosa la reacción. Julián fue capaz de perdonar a su padre pero nunca perdono la ‘prueba de su delito’, es decir, a su hermana.

Vivían en el mismo país, ciudad con ciudad pero nunca se vieron. Cuando el padre murió dejo de tener noticias. Ella mantuvo el recuerdo de su hermano, pensaba en sus sobrinos que no conoció y pensaba que ya serían mayores.  Los entendió por no querer saber de ella… los perdono en su silencio. La zarpa de la guerra es larga y alcanza, incluso, traspasando distancias y tiempo.

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