Como cambian los tiempos Venancio…

(Fotos: http://www.sxc.hu/photo/1287589/?forcedownload=1)

Ayer y a las puertas de la Navidad, acompañe a una amiga a realizar las últimas compritas para adornar su mesa navideña.

Subíamos por la avenida buscando la entrada al aparcamiento de la tienda, cuando el coche empezó a oler a goma quemada y comenzó a salir un humo blanco por uno de los faros delanteros. No era la primera vez que pasaba pero a pesar de que habían llevado al coche al taller, el mecánico insistió que no pasaba nada. Que simpático el mecánico…

Paró el coche en mitad de la avenida y puso las luces de emergencia. Chispeaba y la calle estaba  mojada.  Mi amiga, engalanada con vestido y unos tacones impresionantes, bajo del coche y abrió el capó. No me quedo otro remedio que salir a ayudarla a pesar de que ganas, lo que se dice ganas, tenía muy pocas. – ¿Qué hacemos?- le pregunté con algo de incredulidad porque en los tiempos que corren, poco se puede hacer en la mecánica de los coches.

Ella me explico que que el coche perdía líquido descongelante, que había que rellenar el depósito y que todo eso se lo había explicado su marido la otra vez que sucedió el mismo problema.   

Localizamos el causante del desastre pero seguía saliendo humo. Le dije que a mi parecer, era solo vapor de agua por lo blanco y que teníamos que esperar a que se refrescara antes de tocarlo.

Hacía frío, llovía un poco y nosotras dos haciendo tiempo veíamos todo el jaleo a nuestro alrededor. Pasaban los coches, pasaban las personas, pero nadie se acerco a nosotros ni para preguntar que nos pasaba.  Transcurrido un rato, ella se animó y comenzó a abrir el tapón del depósito. Primero lentamente y al ver que no pasaba nada, intento desenroscarlo del todo. De pronto aquello empezó a echar humo blanco y empezó a salir agua a borbotones… Nos pegamos un susto, las dos, que de un salto nos pusimos a más de dos metros… Yo pensaba que aquel tapón saldría volando impulsado por la presión y el vapor pero finalmente no paso. Nos veíamos un poco ridículas las dos pero había que seguir adelante.  En la noche y con la lluvia, aquel coche, con sus fauces abiertas despidiendo humo, parecía más que un coche un dragón enfurecido.

La cosa se fue calmando, mi amiga andaba con cuidado para no caerse de sus tacones de impresión y me decía, – ¿tú crees que ya podemos abrirlo?- yo le dije, esperemos un rato más a que se enfríe del todo…

La gente con sus prisas, corriendo, corriendo seguían pasando a nuestro lado sin hacernos ni el menor de los casos, talmente parecía que fuéramos invisibles.

Finalmente y tras un rato de espera, mi amiga abrió el tapón y relleno el depósito. Luego cerró las fauces del dragón y pudimos seguir.

Arrancamos, parecía que el problema se había resuelto. Mientras ella conducía en busca del aparcamiento, me dio tiempo a pensar como habían cambiado las cosas. En otra época, pensaba yo, a los tres segundos se habrían arremolinado un grupo de hombres a nuestro lado para ayudarnos…

– Te has fijado que ningún hombre se ha acercado a ayudarnos- me dijo mi amiga…

– ¿No reclamamos la igualdad de la mujer? – le respondí yo, -pues aquí la tienes!-

Nos reíamos como dos tontas recordando la escena vivida, cuando detuvo el coche en el aparcamiento.

Efectivamente los tiempos han cambiado, como dice la letra de la canción de Venancio, pero me sigo preguntando si realmente todos los cambios son tan buenos o tan oportunos…

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