Los ángeles de mi vida

Hay personas que tienen la suerte de encontrar su media mitad y quedarse con ella… yo no la he tenido. En cambio hay hombres, que pasaron por mi vida, a los que debo mucho. Hablo de hombres porque por regla general he tenido siempre muchos más amigos que amigas. Unos fueron amigos y otros amantes, pero con todos ellos he formado una unión que perdura en mi recuerdo y en mis sentimientos.

Mis amigas a las que sigo conservando, me han acompañado en muchos momentos importantes y representan en mi vida, los grandes pilares. Sin embargo tengo la impresión que los hombres que han llegado a mi vida, traían un propósito bajo el brazo, una misión. Es como si alguien invisible los pusiera en mi camino para ayudarme…

Cuando comencé a cambiar de niña a mujer, me llené de complejos. Es una edad difícil para cualquiera y en mi caso no era distinto. Mi cuerpo crecido era muy delgado, carente de curvas y mi cara alargada se adornaba con una nariz prominente que llamaba más la atención ya que la mayoría de los habitantes de mi país tienen la nariz chata. Estaba en esa edad en la que la opinión de los demás cuenta mucho más que la propia o la de tu familia.

En ese momento de mi vida apareció mi primer ángel… fue mi primer novio. Lo cierto es que su amor me llenó de confianza. Me hizo sentir una mujer bonita, capaz de gustar. Podría parecer un tema baladí, pero no lo es. Cuando nos separamos, yo ya era una mujer en toda la extensión de la palabra y los complejos habían quedado en el pasado.

Un par de años más tarde, conocí al que sería el gran amor de mi vida pero a ese volveré más tarde, porque fue un amor de ida y vuelta. Solo diré ahora, que fue el hombre que me llevo a la plenitud, en todos los sentidos.

El hombre con el que me case, me permitió cumplir uno de mis grandes sueños. Tener un hijo. Nunca fui muy proclive al matrimonio. He tenido y sigo teniendo un carácter difícil pero más que eso, es mi independencia la que creo, asusta a los hombres que han formado pareja conmigo. La independencia de pensamiento, palabra y obra… Lo único que me une a los hombres es la parte afectivo-sentimental y cuando esta desaparece, no hay lazo que me amarre. Por el contrario, siempre pensé que casada o no, tendría hijos. Por ese hijo que tengo, estaré siempre agradecida. Por él también hice una única excepción, intenté mantener mi matrimonio aun a pesar de mi.  Solo cuando comprendí que la separación era inevitable y que era la mejor solución, me marche de su lado.

Vivía con mi hijo en un país complejo, de esos que roban el futuro, el libre pensamiento y la propia decisión en el discurrir de la vida. Con todo tenía ciertos privilegios que hacían que estas cosas no me afectaran demasiado, pero el futuro de mi hijo estaba muy comprometido. Era consciente que más temprano que tarde llegaría  el momento que otros, ajenos a nuestra familia, decidirían por el futuro de mi hijo y eso, una persona como yo, no podía admitirlo.

Sabía que la única posibilidad era marcharme de ese país ¿pero como?

A diferencia de otros que conocí, no tenía una familia que me recibiera y me ayudara…   Con todo, sabía lo que tenía que hacer, pero el miedo al futuro me impedía ponerme en marcha. En ese momento llego otro  hombre a mi vida. Nunca sabré si lo hizo por mi o por él, pero fue el que me empujó con todas sus fuerzas a tomar la decisión que estaba aplazando. Fue el que me convenció que podría salir adelante… que tenía fuerzas y valor suficiente para eso y para mucho más. Así las cosas un ocho de noviembre aterricé en un aeropuerto con una maleta y un niño de seis años. No me esperaba nadie.

Aparecieron muchos ángeles vestidos con pantalón y gracias a ellos, logre sobrevivir ese primer año durísimo en la vida de un inmigrante. Todos fueron amigos y a todos les debe mucho. Unos me acogieron en su casa sin pedir nada a cambio, otros me ayudaron con los papeles, otros incluso con la comida… todos fueron mis ángeles de la guarda, los míos y los de mi hijo. Algunos ya no están pero sé que desde el mejor lugar en el que pueda estar un ángel, me observan y me ayudan.

Logré sobrevivir, logré establecerme y comencé a trabajar. Era complicado el nuevo mundo. Las costumbres, las formas todo era distinto. Llegaron nuevos amigos que me ayudaron. Uno en especial me enseño todo lo que se debe saber para subsistir en un mundo laboral machista y competitivo. El me enseño a dar los primero pasos en mi profesión y cuando nos separamos, ya estaba preparada.

Luché como gato panza arriba para conseguir que mi pequeña familia tuviera todo lo necesario. Pase muchos días que se convirtieron en años, del trabajo para la casa y viceversa. Había alcanzado una estabilidad razonable… Me faltaba dar un salto más.

A pesar de que mi economía era estable y solvente me daba miedo arriesgarme en ‘trampas’ a largo plazo, por eso por ejemplo no tenía una casa en propiedad, me daba miedo.

Que es una persona sin una casa en propiedad? En mi país, menos que nada.

Para darme el empujón que necesitaba, apareció otro hombre. Es curioso porque a pesar de que era consciente que no pediría nunca una ayuda económica, no se trataba de eso, la seguridad de contar con el apoyo moral, lo era todo para mí. Fue de esas decisiones en las que necesitaba sentirme acompañada, solo eso. Creo que si no hubiera sido por él, nunca me habría atrevido a dar ese salto…

Volvamos ahora a mi  amor de ida y vuelta… De todos mis grandes amores fue el importante, el verdadero, el único. Nunca logré superar nuestra primera separación y nunca nadie pudo sustituirlo en mi corazón.

Nos enamoramos en un segundo y viví con él, lo mejor y lo peor de la vida de una mujer. Cuando se marcho no solo me dejo vacía de sentimiento, también me arranco el único lazo familiar que siempre fue esencial en mi vida; mi madre. La culpé por nuestra separación y eso hizo que nos distanciáramos a pesar de estar siempre juntas.   

Muchos años después de nuestra ruptura, lo volví a encontrar.  Era tan feliz  que la sonrisa no se me borraba. En un segundo hice mil planes, estaba convencida que por fin había llegado a puerto… pero un día se marcho. Se marcho sin una explicación, sin un por qué…  Volví a sufrir, volví a pasarme las noches pensando. Repasé sus cartas, repasé lo dicho y solo obtuve una explicación… cobardía.

Uno se puede preguntar ¿Qué de bueno ha traído esa relación a mi vida? Su cobardía me devolvió a mi madre. Supe que, contrariamente a lo que siempre había creído, ella en su afán de protegerme, lo vio claro.  Mi madre se dio cuenta, desde el primer momento, que ese hombre era un cobarde y que vivir con él sería peor que sufrir por él. Así, este último ángel, me permitió reconciliarme con mi pasado y mi presente.

Los ángeles que han pasado por mi vida no están, pero yo los recuerdo a todos. Les estoy muy agradecida y a pesar de que nunca he logrado constituir una familia tradicional, mi ‘matrimonio’ con todos ellos, ha sido lo mejor que me ha pasado.

Ninguno de ellos me leerá, tampoco sabrán como pienso, pero me he sentido feliz haciéndoles este pequeño homenaje, se lo debía.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s