Sin mucho ruido pero con paso seguro

Cuando se habla de los millones de habitantes que tiene un país, siempre me sorprende  el  de China. También siempre he pensado que si los chinos quisieran hacer una guerra, no necesitarían ninguna de las sofisticadas armas que tantos conflictos crean por ejemplo en el oriente medio. Si solo una parte de los millones de chinos les diera por caminar, ‘invadirían el mundo’  sin necesidad de hacer nada más.

Tengo la impresión de que ya hace unos años, silenciosamente, ese torrente se ha puesto a caminar  y ha recalado en España pero también en otros países.

Me gustan los chinos por su constancia, por su eficiencia, por lo trabajadores que son. Es una cultura que no conozco, muy diferente a la mía pero no suelo asustarme por eso. Los observo, como ellos seguramente hacen con nosotros. Intento habar con ellos pero resulta complicado, demasiadas diferencias.

El caso es que desde hace unos meses me ha sorprendido su expansión comercial. Hemos pasado de tener en cada calle un restaurante chino (o varios) y luego una tiendita del todo a 100, a tener infinidad de pequeños comercios.

En mi calle hemos pasado de tener dos tiendas, una en cada extremo, a tener además una frutería, una tienda de bolsos y bisutería barata y ahora recientemente una tienda de masajes, arreglo de uñas y algún que otro servicio más.  La frutería china hizo cerrar otra, de una familia india. El resto de comercios que han abierto, son tiendas de españoles que han cerrado por la crisis.

Me pregunto ¿Cómo lo hacen? Como es posible que en plena crisis, cuando los comercios de los autóctonos cierran, los comercios chinos florecen.  Antes te pasabas por una tienda de los chinos y los precios eran sustancialmente más bajos, pero ahora no es el caso, al menos no en mi barrio. Han podido subir los precios entre otras cosas porque ya no existe competencia. Literalmente han barrido todos los pequeños negocios de años y se han posicionado.  Otra cosa que los distingue de los comercios españoles, es su horario comercial. Los comercios de los chinos no cierran nunca. No cierran a la hora de comer y tampoco los fines de semana ni las fiestas.

Al final nos hemos quedado con grandes superficies y los comercios de los chinos.  Adiós a nuestras tiendas de ultramarinos de siempre.

Con esto de los masajes y el arreglo de uñas, pienso que ahora irán a por las peluquerías del barrio… total que me pregunto ¿no sería más aconsejable que los niños  estudien chino? Con esto de la globalización, en años venideros, seremos un territorio anexionado por los chinos?

La mezcla de culturas enriquece, pero la mezcla, no la destrucción de una  en  favor de otra. Cuando pienso en estas cosas, al final le doy la razón a los catalanes. Hay que preservar nuestras raíces, nuestra cultura, nuestra manera de hacer las cosas. No me importa que se mezclen con nosotros, que aporten sus cosas positivas, que podamos degustar su comida y utilizar su manufactura, pero que regresen nuestros ultramarinos.  

¿Por qué en un comercio de chinos no hay nunca un español trabajando?  Ahora que hay tantos parados no podría ser una buena solución que los chinos colaboren? No creo que sea mucho pedir.

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Una respuesta a Sin mucho ruido pero con paso seguro

  1. todotoditotodo dijo:

    Tienes mucha razón, los chinos están saliendo como setas, me refiero a las tiendas sobre todo, más que los restaurantes. Se quedan con todo local que se cierra y, como dices, no sé sabe de donde sacan para tanto…

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