Ser Invisible

Tengo la impresión que a partir de una cierta edad una mujer se va volviendo invisible. Para exponer mi idea, tocaré dos aspectos, el profesional y el ‘mundano’  pero hay muchos más. 

Una vez que se han superado los 50 (posiblemente esto ocurra antes) se empieza a apreciar que uno no encaja en ninguno de los patrones generacionales a excepción del de madre de familia con la misión de casar a sus hijos y ocuparse de los nietos.

En el terreno profesional… Si a los treinta años, con un buen par de piernas o en su defecto ‘disfrazada’ al estilo masculino y con un cuchillo en la boca, no has sido promovida, olvídalo. Puedes ser el súmmum del trabajador y profesional que ya no tendrás oportunidad. Para eso ya están los hombres que con la madurez, como el buen vino, son los que acaparan esos puestos.

Tu valía no será tenida en cuenta y no lo será, por la creencia infundada de que eres incapaz de seguir aprendiendo. Es como si, superada una cierta edad, en lo único que puede pensar una mujer es en quedarse quieta donde está y en la  jubilación.

Formo parte de ese grupo de mujeres ‘liberadas’ que apostaron por tener una familia y además, una carrera profesional. Ese grupo que cuida su cuerpo y su mente además de ocuparse del diario quehacer hogareño y familiar. Por otra parte la esperanza de vida cada día aumenta y no es poco frecuente encontrar a personas de avanzada edad, en plenas facultades. Pero nosotras, las de más de 50, nos desdibujamos. Es casi una muerte prematura.

En el terreno mundano es igual o peor. Por ejemplo, me gusta la moda. Suelo comprar revistas al inicio de cada temporada (“Vogue”, “Vanity Fair” etc.)  Procuro seguir las tendencias, pero es difícil. Raro es el número que se ocupa de mujeres de mi edad. Solo hay un apartado que además me indigna especialmente, el de los tratamientos faciales. Se supone que somos las que más lo necesitamos, pero el precio de cada producto crece directamente proporcional a la edad. El que estas revistas nos ignoren, solo hace patente que nos ignora la industria, al igual que lo hace con las chicas que superan la talla estándar del glamour y la elegancia.

En las tiendas pasa algo parecido. O te vas a la sección de señoras en la que la talla más pequeña es la 40 ampliada con diseños de los años cincuenta o tienes que intentarlo en la sección de jóvenes. Para mí que tengo una talla 38 es complicadísimo y muchas veces me pregunto ¿no estaré haciendo el ridículo vestida así?

Y los zapatos? Ahora que están tan de moda los tacones inmensos, intentar encontrar un zapato fino, elegante y bonito pero solo con un poco de menos tacón, se hace imposible.

Un hombre sin pareja, de nuestra edad, aspira (y muchas veces lo consigue) a una chica de la generación de los treinta pero ¿y nosotras? Los jóvenes no nos miran y los de nuestra edad, no nos ven.

Algunas mujeres de posibles, han empezado a recorrer ese camino que acorta la diferencia entre una mujer madura y un joven. Como ejemplo nuestra querida Duquesa de Alba. Se ha puesto el mundo por montera y tiene una relación sentimental con un hombre mucho más joven. Pero siempre me pregunto ¿lo podría hacer si no tuviera ‘montera’, sin ser la gran duquesa?

De todo hay en la viña del señor pero nosotras las que hemos superado los cincuenta, estamos aquí. Estamos vivas y lo mejor, queremos seguir dando guerra.

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