Marcharse sin despedidas.

Siempre me he preguntado por qué algunas veces nos marchamos sin despedirnos. Hace unos días me ha vuelto a pasar.

Después de más de treinta años recordando un amor, el primero, el más intenso, el que siempre he recordado y que termino de forma abrupta sin posibilidad de reconciliación, lo volví a encontrar.
Fue uno de esos días navegando (por un foro social) que lo encontré y juro que me devolvió a mis veinte años. Me parecía imposible que me pudiera pasar porque no solo yo lo recordaba a él, es que él también me recordaba a mí. A partir de ese día nos empezamos a escribir intensamente… había tantas cosas que contar, tantas que preguntar… parecía que el tiempo no había pasado. La única diferencia eran los años acumulados, y que él estaba casado. Por lo demás, me parecía que nos habíamos despedido el día anterior y que como otros tantos días, nos encontramos para seguir hablando de amor.
Pasaron dos meses maravillosos, nos contamos nuestras vidas, nos acercamos y nos reconocimos. Todo parcia ir bien, todo lo bien que la distancia puede permitir, porque vivimos a muchos km de distancia así que nuestro reencuentro solo se materializaba en la palabra.
Tuvimos que ajustarnos a la diferencia horaria, tuve que asumir que no siempre podía hablar conmigo, tuvimos que asumir las ‘majaderías’ que marcan el paso de los años… Incluso algunas pequeñas discusiones, pero parecía que todo estaba bien.

No obstante las mujeres tenemos un ‘sexto sentido’. Es el sentido que te indica que por alguna razón las cosas están cambiando. No sabes el motivo, él tampoco te lo dice, y si pretendes comentarlo la respuesta es siempre algo así como
– No me pasa nada, no te imagines cosas que no son, no empieces –

Cuando llegas a la fase del “no empieces” te puedes dar por muerto. Pocas soluciones te quedan ya.
Pero uno insiste, en mi caso releo las cartas y me pregunto ¿tendrá razón? Es imposible que alguien te diga que te quiere, que te extraña y al día siguiente no se acuerde.
Y llega lo inevitable… un día que es igual a otros tantos días, por una pequeña discusión, todo se termina. Primero pensamos que es algo pasajero, que se arreglará. Pero pasan los días y solo recibimos el silencio. Hemos pasado por todas las fases. El berrinche, al análisis de lo que ha pasado, dar la razón a unos y a otros… incluso llegas a disculparte por algo que en el fondo no crees sea responsabilidad solo tuya…
Pero solo te responde el silencio. El ya se ha marchado y nada de lo que digas o hagas cambiará eso. Lo más duro… nunca sabrás el por qué. Se habrá marchado sin despedirse y tu te quedas con la sensación de que no solo todo lo que te han dicho es mentira, te quedas con la impresión de que no vales nada.

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